Sobre mí
De niña ya hacía cerámica
Un día desperté con el recuerdo de lo feliz que me hacía coger el barro y crear con mis manos. Me conectaba con la tierra, con la vida, conmigo misma. Retomé las clases, continué formándome y aprendiendo, y decidí que este era mi lugar, que esta era mi vida. La cerámica volvía para quedarse.
Llegaron las piezas que me definían; solo con verlas se podían escuchar mis sentimientos puestos en cada una de ellas.
Los mercados y ferias me permitieron darme a conocer y ahí comenzó esta nueva vida. Desde entonces me escucho y me dejo llevar por mi corazón y un trozo de barro.
Trabajo desde un lugar muy amoroso, respetando el tiempo y la necesidad de cada pieza. Respeto y soy fiel a mi creatividad y a mis creencias, solo creo aquello que siento.
Me siento inspirada por la vida y por la belleza en lo simple, por lo perfecto en lo imperfecto y, sobre todo, por el amor que todos llevamos dentro.